jueves, 9 de agosto de 2007

ACLARANDO...



Homilía de monseñor Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma para el 18º domingo durante el año(5 de agosto de 2007)

Cuando se afirma que la Iglesia ha de intervenir en la Política hay que aclarar que se entiende por los dos términos: Iglesia y Política.


La Iglesia es el Pueblo de Dios-Comunidad de creyentes en Jesús, Muerto y Resucitado. Un pueblo instituido con diversos ministerios ordenados para el bien del todo el Cuerpo. Así se distinguen en la Iglesia global: obispos, presbíteros, diáconos- religiosas/os y fundamentalmente el laicado. Iguales en dignidad con diversidad de servicios con un mismo objetivo: instaurar el Reino de Dios, anunciado por Jesús .

El término Política tiene una doble acepción: a) como sustantivo: se refiere a la necesaria organización de la convivencia humana en una determinada sociedad; surge de la misma naturaleza humana; el hombre es un ser en relación; el hombre es un animal político, definía Aristóteles. b) como adjetivo, se aplica a las estructuras que se viene dando la sociedad para el quehacer político: partidos políticos o movimientos políticos. En el marco de esta aclaración se ha comprender que la Iglesia debe “meterse en política”. Así enseñan los Obispos latinoamericanos en Puebla:


“En efecto, la necesidad de la presencia de la Iglesia en lo político proviene de lo más íntimo de la fe cristiana: del señorío de Cristo que se extiende a toda la vida” (516). Porque “La Iglesia, prosigue Puebla, contribuye así a promover los valores que deben inspirar la política, interpretando en cada nación las aspiraciones de sus pueblos, especialmente los anhelos de aquellos que una sociedad tienda a marginar. Lo hace mediante su testimonio, su enseñanza, su multiforme acción pastoral” (522) Y recientemente en Aparecida el magisterio episcopal reafirma la formación política:


“También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Sólo así las estructuras serán realmente más justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro, y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana” (Nº 386)


Y tanto en Puebla como en Aparecida distinguiendo roles de los miembros de la Iglesia como ya lo había aclarado el Concilio Vaticano II (GS 43) y Paulo VI (EN 70) “la política partidista es el campo propio de los laicos” (DP 524) “Los Pastores, por el contrario, puesto que deben preocuparse de la unidad, se despojarán de toda ideología político-partidista que pueda condicionar sus criterios y actitudes. Tendrán así, libertad para evangelizar lo político como Cristo, desde un Evangelio sin partidismos ni ideologizaciones”… (DP 526)


En concreto si la Iglesia, a través de los diversos roles de sus miembros, no evangelizara el mundo de la política cometería un grave pecado de omisión al no cumplir el mandato de Jesús exigiendo a sus discípulas/os ser sal-levadura-luz en la sociedad humana. Con estas comparaciones tan sencillas como significativas, el evangelista Mateo (5,13) expresa el mandato de Jesús relacionado con el compromiso social político de la Iglesia, cuantas veces anuncia el Reino de Dios e insta a que se lo busque como prioridad existencial del que quiera ser su discípulo. (Lc.12,31)


Entonces en la misma Fe Cristiana encontramos la raíz profunda de un irrenunciable compromiso social-político de la Iglesia en sus diversas vertientes de roles de sus miembros -los bautizados-. Dicho de otra manera, es el compromiso que surge de la doble ciudadanía del discípulo/a de Jesús al decir de S. Pablo (Fil.3,20) Ciudadanía terrenal y ciudadanía celestial que no se oponen. Por el contrario, la ciudadanía celestial redobla el compromiso de la ciudadanía terrenal En el caso nuestro, el ciudadano argentino bautizado, lo ha sido en el proyecto de Jesús para que como discípulo suyo anuncie el Reino y lo vaya construyendo a través de su propia historia. Al bautizado se le brinda la energía pascual para construir el más allá (Vida eterna) desde el más acá, liberando a la historia del pecado-personal-social-político. Por eso, Pío XI y Pío XII han identificado a la Política como posible cumbre del Amor a Dios.

Mons. Miguel Esteban Hesayne, obispo emérito de Viedma(
mehm@speedy.com.ar)

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