viernes, 20 de marzo de 2009

Argentina Ciudadana, discurso del Rabino Sergio Bergman del 18/03/08


Hace mucho tiempo que vengo descuidando este blog por dedicarme más a los otros que publico y por no encontrar motivación para escribir o publicar artículos de otros que realmente reflejaran la realidad que vivimos los argentinos. Hoy la situación ha cambiado y siento nuevamente la ilusión de que las cosas pueden cambiar, de que unidos podemos construir un país con más justicia, educación, salud y menos pobreza y corrupción; que podemos tener gobernantes que realmente piensen y actúen teniendo como meta el bien común de todos y cada uno y comenzar a vivir con un cierto orden que sea bien entendido porque, cada vez que se habla de orden, muchos quieren hacer entender a la sociedad que se quiere volver a la época de la represión, pero no es así, pedir orden en el buen sentido es como cuando en una familia tenemos normas, horarios, obligaciones, recreación...y todo en su justa medida y con respeto por el otro.
El discurso que el Rabino Sergio Bergman, a quien admiro profundamente por sus claras ideas e ideales, por su manera pacífica de decir las cosas más difíciles de decir, por su valentía para expresarse, pronunció en la Plaza de Mayo en un encuentro para reclamar seguridad, me infundió esperanza, por éso lo transcribo, para que todos lo conozcan.

Shalom, salam, la paz para todos y cada uno de nosotros.Estamos aquí, ya no solamente juntos sino definitivamente unidos, y nuestro reconocimiento y agradecimiento a los familiares de las víctimas de la inseguridad por la generosidad de permitirnos a referentes espirituales y religiosos poder transmitir y compartir un mensaje que pueda quitar el velo de aquello que desgarra los corazones de los argentinos, y en un sólo grito como clamor poder decir que no solamente estamos de duelo sino que también trabajamos por el bienestar de La Nación. Agradecemos a los organizadores y fundamentalmente a esa nueva ecuación que supimos resolver hoy los argentinos, porque habiendo mucho más bien que mal, ¿cómo podía ser que el mal trabajara tan bien y el bien trabajara tan mal? Por eso, nuestra gratitud a la generación espontánea de autoconvocados, a ese espíritu de no seguir a nadie sino de ir todos juntos hacia un mismo destino, para que no nos prometan lo que no van a cumplir sino que nosotros comprometamos lo que vamos a hacer para que las cosas puedan cambiar. Porque estamos aquí convocados por esas redes sociales, y por eso nuestro agradecimiento y nuestro renovado compromiso con los bloggeros, con el facebook, con las comunicaciones espontáneas, y con aquello que no se puede detener porque aquí hay una argentina ciudadana que vuelve a nacer. Porque es posible articular una red de redes y trabajar ya no sólo por el propio bienestar e interés, sino para consagrar y ofrendar por ese bien común, que hoy tiene un nombre por el que vinimos a clamar, el bien común de la seguridad.Vinimos a decir que en esta plaza histórica, casi doscientos años después, aquí está el pueblo y sabe de qué se trata, sabemos de qué se trata en la plaza de Mayo, que es de todos, porque es de La Nación y de todos los argentinos sin distinción. Se trata de que la inseguridad no es una sensación, la inseguridad es un flagelo de nuestra comunidad, porque como sociedad vivimos en lo común, no solamente del sentido común de saber que no podemos convivir en paz si hay una situación donde se confunde el orden con la represión, la justicia con la venganza, la posibilidad de salir a trabajar, a estudiar, a caminar y a transitar sin tener miedo de que uno no pueda volver porque en una esquina te pueden matar. Por eso estamos aquí, porque tenemos muy claro, más allá de nuestras emociones que sí respetamos en un familiar que todo lo perdió, que bajo ningún punto de vista venimos a aceptar que reclamar seguridad es ser de derecha o pedir mano dura, la seguridad es un derecho humano de la Constitución Nacional, porque los derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha.Estamos aquí para decir que no venimos a resolver el problema de la seguridad porque no nos corresponde, aún teniendo maravillosas ideas, somos ciudadanos. Por eso venimos a ponernos de pie y, sobre todo, con nuestros hijos que traemos de la mano, venimos a pedirles por D-s y por la patria que los juramentos se cumplan. Mientras estamos aquí sabiendo lo que el pueblo quiere y de qué se trata, tenemos en otro lugar a nuestros representantes discutiendo lo que no necesitamos.Esta plaza de Mayo es central pero pertenece a una ciudadanía argentina federal. En este mismo momento hay plazas de la República de nuestras provincias movilizadas, con nuestros hermanos del campo, de quienes aprendimos que hay que moverse, que hay que organizarse, que hay que defender, que no hay que callarse porque no hay que tener miedo de hablar y de decir lo que nos pasa, porque nuestra constitución no está solamente para gobernar sino para vivir en La Nación, en paz.Es por eso que aceptamos en esta tarde y en este desafío que cuando hablamos de inseguridad, le estamos demandando al Gobierno que la seguridad sea una política de Estado. Y para que sea una política de estado, la seguridad no debe ser solamente preservar lo más sagrado que es la vida, porque les venimos a decir que es mucho más sagrada la vida que la caja. La vida, sagrada y consagrada, se preserva en los derechos humanos que, cuando vivimos en democracia y en República, no se reivindican sino que se cumplen, y los derechos humanos en la Argentina de todos nosotros hoy son la vida, el pan, el trabajo, la educación, la salud, la seguridad y la posibilidad de vivir en paz. Es por eso que estamos juntos, aquí, y fundamentalmente pidiéndole a nuestros jóvenes, porque nosotros somos de la generación que nos enseñaron “no te metás”, se corría riesgo de vida, pero fijensé ustedes lo que nos pasa cuando nos quitan la vida si no aprendemos ahora que no hay nada más peligroso que no meterse, que no comprometerse, que no involucrarse, que no participar.Cuánto tiempo más nos vamos a encerrar en la ilusión de que alguien, solo, se puede salvar estando seguro para sí mismo sin ofrendar ni trabajar por ese bienestar. Debemos aprender el espíritu de la Constitución Nacional.El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes, pero los representantes nos deben explicaciones porque la seguridad se resuelve con decisión política. No son soluciones fáciles, ni tenemos la receta, no se puede reducir ni simplificar algo tan complejo como la seguridad porque no se puede decir que es sólo por la exclusión social que nos duele en una Argentina rica, llena de pobres, por lo tanto miserable, no en la pobreza, donde hay dignidad, sino en la inequidad que hay cuando no hacemos nada al ver que nos roban lo de todos, y cuando en nombre de la demagogia no se hace democracia.Necesitamos, con claridad y con convicción, tener la certeza de que ese bien común de vivir en paz, en la seguridad que nos debemos, es respetar las instituciones y restituir la República. No hay otra forma de que tengamos seguridad jurídica, previsibilidad, posibilidad de defender los derechos y asumir las obligaciones sino volvemos a restaurar la República que no tenemos, y lo debemos decir con toda claridad, tenemos gracias a d-s democracia, que vamos a cuidar, porque es sagrada, pero no tenemos República, cuando todo el poder se concentra en la hegemonía de un ejecutivo, cuando el poder legislativo no puede legislar porque es una escribanía deliberativa, cuando los jueces que tienen que juzgar no lo pueden hacer porque están condicionados por el Consejo de la magistratura que es la policía política. Pero también tenemos que sincerarnos entre nosotros porque hemos abandonado la República, que aún no está perdida. No hablemos sólo de ellos, hablemos también de nuestra hipocresía cívica, porque hasta que no nos tocan el bolsillo o no tenemos una tragedia no nos movemos.Hoy estamos aquí no solamente las familias con sus víctimas, estamos todos como hermanos. Vinimos a plantear que en este lugar tenemos la claridad de lo que significa una Argentina ciudadana que los invita a participar. A los jóvenes, a los que ya nacieron en la democracia, que ahora también les va a tocar ejercer el deber cívico de ir a votar. Cuando no se respeta la ley, cuando se hace con la ley no lo que se debe sino lo que se quiere, la resistencia cívica es la manera pacífica, armoniosa y cuidadosa por la cual, así como los convocamos hoy a clamar por la inseguridad, llamamos a todos los jóvenes a que en el mes de junio –y no en octubre, porque lamentablemente nos están entregando ahora- los jóvenes deben hacer estallar de votos las urnas, deben participar. Y nosotros tenemos que aprender a votar ya que lo que tenemos no lo padecemos porque nosotros lo elegimos, y nos tenemos que hacer cargo con responsabilidad institucional.Tenemos que aprender que ahora se va a plebiscitar la República, que no hay que oponer ni confrontar, sino resistir para transitar y trascender la Argentina que viene. Porque sabemos que hay una Argentina que puede ser República después de Néstor, que no depende de la política partidaria, ni de las elecciones en las urnas, depende de vos, de que participes, que dejes de dormir la siesta y hacer la plancha como habitante, y seas un ciudadano de este gobierno. Tenemos que defender en las plazas y en la calle que el espacio público nos pertenece, para que no lo ocupen los mercenarios, o los que intimidan porque les pagan, de lo contrario no vamos a tener la transparencia de los valores republicanos que no sólo demandamos sino también desplegamos en unidad.Es por eso que les pedimos por los que ya no están, que podamos reponer el capital social y espiritual. La política no se trata de la discusión entre los candidatos, sino de que cada uno de nosotros se vote a sí mismo como ciudadano, que no lo ejerza cada dos años en el lugar más iluminado de la República que es el cuarto oscuro, sino todos los días con cogestión, con responsabilidad, y con participación, para hacer sagrado el voto de cada uno como ciudadanos. El voto con v que no se bota con b, requiere más que nunca ser auditado, y así como vinimos todos hoy, los invitamos a llenar las mesas, a ser fiscales, para que no nos roben los votos, para que no nos sometan a la democracia de la esclavitud electoral, para que no nos corran con la prepotencia, para que no nos gobiernen más con la caja.Por eso sabemos y confiamos en los más humildes y en los más postergados, con los que nos comprometemos, abran sus manos y reciban todos lo que les dan pero cuiden su alma, y no entreguen ningún voto ni la dignidad. Porque hoy estamos más convencidos que nunca que si no sólo nos conmovimos por la inseguridad, sino que nos movimos todos como uno a este lugar, que es un santuario de la civilidad de hacernos ciudadanos en paz, también sabemos que no se puede confundir el legado de Perón con la locura de Nerón.Por eso estamos reunidos y unidos, no en contra de lo que hemos elegido, sino a favor de lo que va a venir si sabemos trabajar sin oponer ni confrontar, sino trayendo la ofrenda del corazón como ciudadanos que somos en unidad. Por eso invocamos a cada uno de ustedes en no mirar para otro lugar que no sea la propia interioridad de la conversión del corazón del ciudadano, que ya no pide a La Nación lo que te da y lo que te querés llevar, sino que le ofrenda el servicio a la Patria para La Nación que nos debemos. Somos todos herederos. Les pedimos a nuestros jóvenes, aprendan de nuestros errores, de nuestra frustración y de nuestras omisiones, no para imitarnos sino para superarnos, ustedes son el legado de nuestros abuelos inmigrantes, ustedes nuestros hijos tomen la posta, tomen el compromiso, no se droguen, no se guarden, no se aíslen, tomensé de la mano como estamos, todos juntos, hoy. Amen a la Patria que es lo que requiere la Argentina como bendita tierra de promisión.También nos solidarizamos con nuestros hermanos del campo que trabajan la tierra para el bien de La Nación, para poder juntos sembrar la esperanza del árbol de vida, de aquello que nosotros no vamos a cosechar ni nos vamos a llevar, pero es la trascendencia en el amor de lo que sabremos delegar en la posteridad. Por eso estamos aquí, porque amamos a nuestra Patria, y no solamente a los seres queridos que hemos perdido. Por eso estamos aquí, porque cuando hablamos de la inseguridad no lo hacemos con resentimiento ni con venganza, sino con dolor del corazón partido, que no se repara pero con la esperanza en el amor de que la Argentina es nuestra tierra prometida, para nosotros, para nuestros hijos, para todos los hombres y mujeres de buena voluntad que quieren poblar el suelo argentino y hacer de nuestra vida sagrada, los valores eternos de la Constitución Nacional.Por d-s que está en el cielo y con nosotros hoy, aquí en la tierra, amemosnos los argentinos, abracemosnos como familia que somos en la común unidad de sentido, para volver a reconocer, como lo hacemos aquí en nuestra diferente fe, que D-s es padre y es uno, y todos nosotros sus hijos. Por lo tanto como hermanos, sentemosnos definitivamente a la mesa, donde podamos en la bendición de Argentina partir el pan, y elevar la copa de vino para poder decir, ¡salud Argentina, vinimos aquí para proclamar el grito sagrado, LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD!

sábado, 20 de diciembre de 2008

Menores sin infancia. Matrimonio infantil y adolescente

Millones de niños en todo el mundo realizan tareas de adultos y carecen de medios para sobrevivir en condiciones dignas

Matrimonio infantil y adolescente




El matrimonio infantil es una práctica habitual en África subsahariana y Asia meridional. Su aplicación "niega a las niñas el derecho a un futuro mejor", advierte Unicef, pero la situación se repite en Oriente Medio, África septentrional y otras regiones de Asia, donde la tradición apuesta por el matrimonio con adolescentes. En Sierra Leona, el 56% de las niñas contrae matrimonio antes de cumplir 18 años. El 66% en las zonas rurales. En Etiopía y en África occidental, los enlaces a los 7 u 8 años son frecuentes. En Djibouti, llegar a los 20 años sin haberse casado convierte a las mujeres en "solteronas".

Apenas hay estadísticas. Los datos se silencian amparados en tradiciones sin intención de ser revisadas. "Resulta difícil conocer el número de matrimonios prematuros, debido a la cantidad de ellos que no se inscriben y que, por tanto, son ilegales", explica Unicef. Las familias pobres aprueban los matrimonios porque consideran a las niñas una carga económica: "Casarlas es una medida de supervivencia". Otras están convencidas de que el matrimonio a una edad temprana protege a las niñas frente a agresiones sexuales y "les procura la protección de un tutor varón".

Abandono escolar

El matrimonio prematuro es una de las principales causas de abandono escolar entre las niñas. "Cuando pueden ir a la escuela y completar sus estudios, se modifica diametralmente su futuro", advierte Unicef. Se teme a una educación que puede cambiar "para bien" la orientación de la vida de las niñas y de sus futuras familias. A pesar del incremento que han registrado en los últimos años las tasas de escolaridad, la proporción de niñas que cursa estudios secundarios es sensiblemente inferior a la de niños.

Para mejorar esta situación, Unicef impulsa desde 2006 los Clubes de Madres. La finalidad de estos grupos es ayudar a las niñas dentro de sus comunidades para que concluyan los estudios. En concreto, apoyan a las mujeres para que obtengan ingresos derivados de la horticultura comunitaria en gran escala y puedan hacerse cargo de la educación de sus hijas. Las integrantes del Club de Madres cultivan hortalizas como mandioca y patatas, "cuya venta genera fondos que se emplean para pagar la matrícula escolar de las niñas".

Por otro lado, las mujeres que componen estos grupos movilizan a sus comunidades en apoyo de la educación de las niñas y se encargan de informar y orientar sobre aspectos culturales como el matrimonio precoz, el embarazo adolescente y la prevención de las enfermedades de transmisión sexual. Una vez que las madres han entendido la importancia de enviar a sus hijas a la escuela, se intenta que transmitan esos conocimientos a otras mujeres para que todas las pequeñas tengan la oportunidad de acudir al colegio y, por qué no, también a la universidad.
Fuente: Consumer.es

sábado, 29 de noviembre de 2008

La celebración del Bicentenario (2010-2016)

Reflexión del P. Obispo Miguel Estéban Hesayne
(2a. entrega)

7. El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para nuestra patria. El 9 de julio de 1816, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se reunieron en la ciudad de San Miguel de Tucumán y declararon la independencia nacional. Estamos agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, y recordamos la presencia de la Iglesia en aquellos momentos fundacionales.

8. Cuando se celebró el primer Centenario de estos grandes acontecimientos, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora. Hoy, en vísperas de la celebración del Bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales. “Nos sentimos heridos y agobiados... Pero queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.[1]

9. Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.

10. En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana[2]. Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.


Juntos para un nuevo proyecto de país

11. Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común. En esta búsqueda del bienestar de todos, necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones.

12. No obstante, nuestra mirada es esperanzada. “Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras”[3]. Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen.

13. ¿Por qué hablar de un proyecto de país? Hay una opinión generalizada sobre la necesidad de establecer políticas públicas que, tomando como fundamento nuestra Constitución Nacional, propicien un desarrollo federal, sano y armónico de la Argentina. Esta no es una preocupación nueva. Forma parte del pensamiento y del servicio histórico de la Iglesia: “no hay democracia posible sin una leal convergencia de aspiraciones e intereses entre todos los sectores de la vida política con miras a armonizar el bien común, el bien sectorial y el bien personal, buscando una fórmula de convivencia y desarrollo de la pluralidad dentro de la unidad de objetivos fundamentales”[4].

14. No es realista pretender un proyecto definitivamente estable, que no requiera ulteriores modificaciones, porque las necesidades cambiantes exigirán las debidas adaptaciones. Pero es indispensable procurar consensos fundamentales que se conviertan en referencias constantes para la vida de la Nación, y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno.

15. Desde ellos, se deberían institucionalizar las necesarias políticas públicas para el crecimiento de toda la comunidad. Instalarlas requiere la participación y el compromiso de los ciudadanos, ya que se trata de decisiones que no deben ser impuestas por un grupo, sino asumidas por cada uno, mediante el camino del diálogo sincero, respetuoso y abierto. Nadie puede pensar que el engrandecimiento del país sea fruto del crecimiento de un solo sector, aislado del resto.


(continuará)

[1] Conferencia Episcopal Argentina, Oración por la Patria, 2001
[2] ICN, 197; NMA 28
[3] DA, 30
[4] ICN, 127

Preparando la Navidad 2000. Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad


Reflexión del Padre Obispo Miguel Estéban Hesayne
(1a. entrega)


1. Los Obispos de la Argentina, nos dirigimos a todos nuestros hermanos que habitan esta bendita tierra. Les escribimos desde nuestra fe como discípulos y misioneros de Jesucristo, “rostro humano de Dios y rostro divino del hombre”
[1], porque “la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios”.[2]

Aportes para una nueva Nación

2. Muchos signos nos hacen pensar que está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar forma. En los últimos años, gracias al diálogo, hemos vivido aprendizajes cívicos importantes. De manera institucional, logramos salir de una de las crisis más complejas de nuestra historia. Elegimos la no-violencia y se establecieron programas específicos para el cuidado de los más débiles. La experiencia histórica nos ha demostrado que por el camino de la controversia se profundizan los conflictos, perjudicando especialmente a los más pobres y excluidos.

3. A partir de las crisis vividas, ya nadie cuestiona la necesidad de un Estado activo, transparente, eficaz y eficiente. Crecimos en la promoción de los derechos humanos, aunque todavía debemos avanzar en su concepción integral, que abarque a la persona humana en todas sus dimensiones, desde la concepción hasta la muerte natural
[3]. También maduramos en la aceptación del pluralismo, que nos enriquece como sociedad, aunque todavía persisten resabios de antiguas intolerancias.


4. Por otro lado, hemos tomado conciencia que no hay democracia estable sin una sana economía y una justa distribución de los bienes
[4], aunque entre todos debemos seguir trabajando a fin de hacerla realidad y que no quede sólo en una consigna o en un plano teórico o meramente emotivo[5]. Asimismo, reconocemos la importancia estratégica de la educación, de la producción y del desarrollo local, de la urgencia de generar trabajo y de la necesidad de recobrar la auténtica cultura de la laboriosidad.

5. Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos. Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de argentinos. “La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Podemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?”
[6]. No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos.


6. Precisamente porque estamos alentando al diálogo, no pretendemos ofrecer una propuesta exhaustiva y detallada para resolver los problemas actuales del país. Más bien expresamos la necesidad de buscar acuerdos básicos y duraderos, mediante un diálogo que incluya a todos los argentinos. Tampoco queremos caer en reduccionismos y simplificaciones sobre cuestiones que requieren el aporte de muchos, y valoramos como un don la pluralidad de miradas sobre la cuestión social y política. No obstante, como hombres de fe y pastores de la Iglesia, hacemos nuestros aportes sabiendo que “la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana”
[7]. Por eso nos animamos a compartir nuestros anhelos y preocupaciones.


(continuará)

[1] EA 67
[2] DA 380
[3] CDSI, 154
[4] ICN, 129
[5] DA, 397.
[6] CEA, “Afrontar con grandeza nuestra situación actual”, 80° Asamblea Plenaria, 11de noviembre de 2000
[7] DI, 3

Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016)




Documento de los obispos al término la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina(Pilar, 14 de noviembre de 2008)

1. Los Obispos de la Argentina, nos dirigimos a todos nuestros hermanos que habitan esta bendita tierra. Les escribimos desde nuestra fe como discípulos y misioneros de Jesucristo, «rostro humano de Dios y rostro divino del hombre»
(1), porque «la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño. La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabun­dante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios».(2)

Aportes para una nueva Nación

2. Muchos signos nos hacen pensar que está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar forma. En los últimos años, gracias al diálogo, hemos vivido aprendizajes cívicos importantes. De manera institucional, logramos salir de una de las crisis más complejas de nuestra historia. Elegimos la no-violencia y se establecieron programas específicos para el cuidado de los más débiles. La experiencia histórica nos ha demostrado que por el camino de la controversia se profundizan los conflictos, perjudicando especialmente a los más pobres y excluidos.

3. A partir de las crisis vividas, ya nadie cuestiona la necesidad de un Estado activo, transparente, eficaz y eficiente. Crecimos en la promoción de los derechos humanos, aunque todavía debemos avanzar en su concepción integral, que abarque a la persona humana en todas sus dimensiones, desde la concepción hasta la muerte natural
(3). También maduramos en la aceptación del pluralismo, que nos enriquece como sociedad, aunque todavía persisten resabios de antiguas intolerancias.

4. Por otro lado, hemos tomado conciencia que no hay democracia estable sin una sana economía y una justa distribución de los bienes
(4), aunque entre todos debemos seguir trabajando a fin de hacerla realidad y que no quede sólo en una consigna o en un plano teórico o meramente emotivo (5). Asimismo, reconocemos la importancia estratégica de la educación, de la producción y del desarrollo local, de la urgencia de generar trabajo y de la necesidad de recobrar la auténtica cultura de la laboriosidad.

5. Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos. Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de argentinos. «La gran deuda de los argentinos es la deuda social. Podemos preguntarnos si estamos dispuestos a cambiar y a comprometernos para saldarla. ¿No deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?»
(6). No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos.

6. Precisamente porque estamos alentando al diálogo, no pretendemos ofrecer una propuesta exhaustiva y detallada para resolver los problemas actuales del país. Más bien expresamos la necesidad de buscar acuerdos básicos y duraderos, mediante un diálogo que incluya a todos los argentinos. Tampoco queremos caer en reduccionismos y simplificaciones sobre cuestiones que requieren el aporte de muchos, y valoramos como un don la pluralidad de miradas sobre la cuestión social y política. No obstante, como hombres de fe y pastores de la Iglesia, hacemos nuestros aportes sabiendo que «la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana»
(7). Por eso nos animamos a compartir nuestros anhelos y preocupaciones.

La celebración del Bicentenario (2010-2016)

7.El 25 de mayo de 1810, el Cabildo abierto de Buenos Aires expresó el primer grito de libertad para nuestra patria. El 9 de julio de 1816, los representantes de las Provincias Unidas en Sud América se reunieron en la ciudad de San Miguel de Tucumán y declararon la independencia nacional. Estamos agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, y recordamos la presencia de la Iglesia en aquellos momentos fundacionales.

8. Cuando se celebró el primer Centenario de estos grandes acontecimientos, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora. Hoy, en vísperas de la celebración del Bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales. «Nos sentimos heridos y agobiados... Pero queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común».
(8)

9.Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia.

10. En nuestra cultura prevalecen valores fundamentales como la fe, la amistad, el amor por la vida, la búsqueda del respeto a la dignidad del varón y la mujer, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por los pertinentes reclamos ante la justicia, la educación de los hijos, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, la sensibilidad hacia el medio ambiente, y ese ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente las situaciones duras de la vida cotidiana
(9). Estos valores tienen su origen en Dios y son fundamentos sólidos y verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación, que haga posible un justo y solidario desarrollo de la Argentina.

Juntos para un nuevo proyecto de país

11. Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común. En esta búsqueda del bienestar de todos, necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones.

12. No obstante, nuestra mirada es esperanzada. «Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras»
(10). Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen.

13. ¿Por qué hablar de un proyecto de país? Hay una opinión generalizada sobre la necesidad de establecer políticas públicas que, tomando como fundamento nuestra Constitución Nacional, propicien un desarrollo federal, sano y armónico de la Argentina. Esta no es una preocupación nueva. Forma parte del pensamiento y del servicio histórico de la Iglesia: «no hay democracia posible sin una leal convergencia de aspiraciones e intereses entre todos los sectores de la vida política con miras a armonizar el bien común, el bien sectorial y el bien personal, buscando una fórmula de convivencia y desarrollo de la pluralidad dentro de la unidad de objetivos fundamentales»
(11).

14. No es realista pretender un proyecto definitivamente estable, que no requiera ulteriores modificaciones, porque las necesidades cambiantes exigirán las debidas adaptaciones. Pero es indispensable procurar consensos fundamentales que se conviertan en referencias constantes para la vida de la Nación, y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno.

15. Desde ellos, se deberían institucio­nalizar las necesarias políticas públicas para el crecimiento de toda la comunidad. Instalarlas requiere la participación y el compromiso de los ciudadanos, ya que se trata de decisiones que no deben ser impuestas por un grupo, sino asumidas por cada uno, mediante el camino del diálogo sincero, respetuoso y abierto. Nadie puede pensar que el engrandecimiento del país sea fruto del crecimiento de un solo sector, aislado del resto.

Un nuevo acuerdo sobre políticas públicas

16. Como muchas veces hemos dicho, el diálogo es esencial en la vida de toda familia y de cualquier construcción comunitaria. El que acepta este camino amplía sus perspectivas. Gracias a la opinión constructiva del otro, descubre nuevos aspectos y dimensiones de la realidad, que no alcanzaría a reconocer en el aislamiento y la obstinación.

17. Necesitamos aceptar que toda democracia padece momentos de conflictivi­dad. En esas situaciones complejas, alimentar la confrontación puede parecer el camino más fácil. Pero el modo más sabio y oportuno de prevenirlas y abordarlas es procurar consensos a través del diálogo.

18. Sólo el diálogo hará posible concretar los nuevos acuerdos para proyectar el futuro del país y un país con futuro. Ello es fundamental en este tiempo, donde la crisis de la economía global implica el riesgo de un nuevo crecimiento de la inequidad, que nos exige tomar conciencia sobre la «dimensión social y política del problema de la pobreza»
(12). En este sentido, la promoción de políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos. Ratificar y potenciar la opción del amor preferencial por los pobres (13) que brota de nuestra fe en Jesucristo (14), «requiere que socorramos las necesidades urgentes y al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos e instituciones para organizar estructuras más justas. Igualmente se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales» (15). Creemos que estamos ante un momento oportuno para promover entre todos un auténtico acuerdo sobre políticas públicas de desarrollo integral.

19. Pero nunca llegaremos a la capacidad de dialogar sin una sincera reconciliación. Se requiere renovar una confianza mutua que no excluya la verdad y la justicia. Las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales también nos sentimos responsables, pueden cicatrizar si evitamos las parcialidades. Porque mientras haya desconfianzas, éstas impedirán crecer y avanzar, aunque las propuestas que se hagan sean técnicamente buenas. Todos debemos ser co-responsables de la construcción del bien común. Por ello, hay que sumar en lugar de restar. Importa cicatrizar las heridas, evitar las concepciones que nos dividen entre puros e impuros, y no alentar nuevas exasperaciones y polarizaciones
(16), para no desviarnos del gran objetivo: contribuir a erradicar la pobreza y la exclusión. Por eso, soñamos con un Bicentenario de la reconciliación y de la unidad de los argentinos.

¿Qué estilo de liderazgo necesitamos hoy?

20. En este tiempo necesitamos tomar conciencia de que «los cristianos, como discípulos y misioneros de Jesucristo, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos»
(17). Para nosotros, este es el verdadero fundamento de todo poder y de toda autoridad: servir a Cristo, sirviendo a nuestros hermanos.

21. En un cambio de época, caracterizado por la carencia de nuevos estilos de liderazgo, tanto sociales y políticos, como religiosos y culturales, es bueno tener presente esta concepción del poder como servicio. Como Iglesia, este déficit nos cuestiona. En un continente de bautizados, advertimos la notable ausencia, en el ámbito político, comunicacional y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos, con fuerte personalidad y abnegada vocación, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas
(18).

22. Por eso, es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común.
(19) Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad (20). No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias. Recordemos algunos valores propios de los auténticos líderes: la integridad moral, la amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de escucha, el interés por proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, el discernimiento atento de los nuevos signos de los tiempos y, sobre todo, la coherencia de vida.

23. Alentamos a los líderes de las organizaciones de la sociedad a participar en «la reorientación y consiguiente rehabilitación ética de la política»
(21). Les pedimos que se esfuercen por ser nuevos dirigentes, más aptos, más sensibles al bien común, y capacitados para la renovación de nuestras instituciones (22). También queremos reconocer con gratitud a quienes luchan por vivir con fidelidad a sus principios. Y a los educadores, comunicadores sociales, profesionales, técnicos, científicos y académicos, que se esfuerzan por promover una concepción integral de la persona humana. A todos ellos, les pedimos que no bajen los brazos, que reafirmen su dignidad y su vocación de servicio constructivo. Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es recuperar el valor de toda sana militancia.

Nuevas angustias que nos desafían

24. En el actual cambio de época, emerge una nueva cuestión social. Aunque siempre tuvimos dificultades, hoy han surgido formas inéditas de pobreza y exclusión
(23). Se trata de esclavitudes modernas que desafían de un modo nuevo a la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano. Como señala el Documento de Aparecida, hoy los excluidos no son solamente «explotados» sino que han llegado a ser «sobrantes y desechables» (24). La persona humana nunca puede ser instrumento de proyectos de carácter económico, social o político (25). Por ello, ante todo queremos reafirmar que nuestro criterio de priorización será siempre la persona humana, que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad (26). La Iglesia quiere ser servidora de la «dignidad infinita» de cada persona (27) y de todos los seres humanos. Ello nos lleva a «contemplar los nuevos rostros de quienes sufren» (28).

25. La nueva cuestión social, abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia. «Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios»
(29). Los nuevos fenómenos «a menudo afectan a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social» (30). Ello se manifiesta, por ejemplo, en el crecimiento del individualismo y en el debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios (31). Nos preocupan especialmente las graves carencias afectivas y emocionales (32). Contemplamos un gran anhelo de encontrar razones para la existencia (33). La deuda social es también una deuda existencial de crisis del sentido de la vida: «se puede legítimamente pensar que la suerte de la humanidad está en manos de quienes sepan dar razones para vivir» (34). Ello nos debería interpelar a todos e invitarnos a discernir y promover nuevos vínculos de pertenencia y convivencia y nuevos estilos de vida más fraternos y solidarios.

26. Además, la situación actual del país y de la economía global nos demuestra que el desarrollo no se limita al simple crecimiento económico
(35). Reconocemos una recuperación en la reducción de los niveles de pobreza e indigencia después de la crisis de 2001-2002. Pero también es verdad que no se ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad social. Junto a una mejora en los índices de desempleo, el flagelo del trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la real promoción de millones de argentinos.

27. Es grave la situación de la educación en nuestra patria. Constituye un bien público prioritario muy deteriorado, tanto por los magros resultados en el aspecto instructivo como en la ausencia de un horizonte trascendente de la misma. Nos hallamos ante una profunda emergencia educativa que, en caso de no revertirse con inteligencia y celeridad, gravitará negativamente en el porvenir de las jóvenes generaciones.

28. Nos preocupa la subsistencia del gravísimo problema del endeudamiento del Estado. Los pagos de la deuda externa constituyen un rubro estructural del gasto público y condicionan gravemente los esfuerzos que debieran realizarse para saldar la deuda social.

29. Lamentablemente no se ha podido erradicar un histórico clima de corrupción. Tampoco el mal del clientelismo político, alimentado por la distribución de subsidios que no siempre llegan a los que menos tienen. En muchos casos continúa la margi­nación de los aborígenes y de los inmigrantes pobres. Es particularmente preocupante la situación de los adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, a los que la pobreza les dificulta el desarrollo integral de sus capacidades, quedando a merced de propuestas fáciles o escapistas. Es escandaloso el creciente consumo de drogas que hace estragos cada vez a más temprana edad. En todo el país se ha multiplicado la oferta del juego. La población se ve afectada por la violencia y la inseguridad que se manifiestan de variadas maneras.

30. En tiempos recientes, especialmente en la crisis de la última década, hubo numerosas iniciativas en diversos sectores de la sociedad, cuya experiencia puede ayudar a la construcción de un nuevo proyecto de país. Se propusieron variados temas en orden al desarrollo integral de todos y a la superación de los males de nuestra Nación. En particular recordamos la inmensa tarea iniciada en aquellos días por las mesas del Diálogo Argentino. Pero hoy, especialmente en medio de la actual crisis de la economía global, una vez más necesitamos discernir los caminos para superar las nuevas angustias que nos desafían. Debemos enfrentar estos desafíos confiando en las reservas morales y en los profundos valores que son el sustento de nuestra convivencia, porque la falta de verdad despierta profunda desconfianza y termina dañando el tejido social.

Metas a alcanzar a la luz del Bicentenario

31. Los dramas que hemos descrito y que afectan fundamentalmente a los más desprotegidos, están íntimamente relacionados con profundas carencias morales y estructurales. Por eso, a la luz del principio de la dignidad inviolable de cada ser humano y de una concepción integral de la persona, nos parece imperioso proponer, con vistas al Bicentenario de la Nación, algunas metas que estimamos prioritarias para la construcción del bien común:

32. Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho será siempre provisorio y frágil, sin una educación y una legislación que transmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los excluidos e indefensos. También en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado. Allí se ilumina la vida afectiva privada y promueve el compromiso adulto con la vida pública y el bien común. Alentamos a las familias a participar y organizarse como protagonistas de la vida social, política y económica
(36).

33. Avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo. Una amistad social que incluya a todos, es el punto de partida para proyectarnos como comunidad, desafío que no hemos logrado construir en el transcurso de nuestra vida nacional. «Es necesario educar y favorecer en nuestros pueblos todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, de cooperación e integración»
(37).

34. Alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables. El habitante hace uso de la Nación, busca beneficios y sólo exige derechos. El ciudadano construye la Nación, porque además de exigir sus derechos, cumple sus deberes
(38). Hay una carencia importante de participación de la ciudadanía como agente de transformación de la vida social, económica y política. Los argentinos hemos perdido el miedo a la defensa de nuestros derechos, pero la participación ciudadana es mucho más que eso. El verdadero ciudadano intenta cumplir todos los deberes derivados de la vida en sociedad.

35. Fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad. Aunque a veces lo perdamos de vista, la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución, cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social.
Resulta imprescindible asegurar la independencia del poder judicial respecto del poder político y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia. La calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión social. Asimismo, debemos fortalecer a las organizaciones de la sociedad.

36. Mejorar el sistema político y la calidad de la democracia. Es imperioso dar pasos para concretar la indispensable y tan reclamada reforma política. También para afianzar la orgánica vitalidad de los diversos partidos y para formar nuevos dirigentes, reconociendo que las estructuras nuevas no producirán cambios significativos y estables sin dirigentes renovados, forjados en el aprecio y el ejercicio constante de los valores sociales. Sobre todo, es imprescindible lograr que toda la ciudadanía pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso al reclamo esporádico y agresivo y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes. De este modo construiremos una democracia no sólo formal, sino real y participativa.

37. Afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes. Urge otorgar capital importancia a la educación como bien público prioritario, que genere inclusión social y promueva el cuidado de la vida, el amor, la solidaridad, la participación, la convivencia, el desarrollo integral y la paz. Una tenaz educación en valores y una formación para el trabajo, unidas a claras políticas activas, generadoras de trabajos dignos, será capaz de superar el asistencialismo desordenado, que termina generando dependencias dañinas y desigualdad.

38. Implementar políticas agroindus­triales para un desarrollo integral. Es necesario concretar un programa agropecuario y agroindustrial a nivel nacional, que integre en la vida del país todo lo que está vinculado a nuestra tierra. Cabe apreciar la histórica importancia del campo en el crecimiento de nuestra sociedad y, a su vez, incorporar todos los avances tecnológicos con pleno respeto del medio ambiente. Por otra parte, se ha de alentar el desarrollo de las comunidades de los pueblos originarios y de las familias minifundistas, favoreciendo el derecho a la propiedad de la tierra que habitan y trabajan. Es prioritario apoyar la investigación y la inclusión científica y tecnológica de los diversos sectores en favor de las personas y de la sociedad.

39. Promover el federalismo, que supone la necesaria y justa autonomía de las Provincias y sus Municipios con relación al poder central, no sólo referida al gobierno de esas jurisdicciones sino también a la coparticipación de los recursos. Esta autonomía entraña la promoción de las economías regionales y la igualdad en las condiciones de vida, y también el acceso a las libertades y derechos, especialmente en lo que respecta a la educación, a la salud, al trabajo y a la vivienda digna.

40. Profundizar la integración en la Región. En estos tiempos que vivimos es tarea prioritaria revalorizar la integración regional, por ejemplo en el MERCOSUR, y también global, en el contexto de la creciente interdependencia de las naciones, conscientes que «los retrasos en la integración tienden a profundizar la pobreza y las desigualdades»
(39).

Conclusión

41. Les hemos escrito estas reflexiones con espíritu constructivo, sin dejar de interrogarnos sobre nuestras propias responsabilidades. Lo hacemos desde la fe en Jesucristo «que es la respuesta total, sobreabun­dante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, la justicia y la belleza»
(40). Tenemos siempre presente al Señor Jesús, que se angustió hasta las lágrimas cuando algunos en su tierra no aceptaban el mensaje de paz que él les ofrecía (41). Le pedimos que los argentinos, todos juntos, podamos hacer de esta bendita tierra una gran Nación justa y solidaria, abierta al Continente e integrada en el mundo. Nos acogemos a María Santísima, nuestra querida Madre de Luján, para que ofrezca esta sentida súplica a Aquel que es «el Camino, la Verdad y la Vida» (42).

Los Obispos de la Argentina
96ª Asamblea Plenaria
El Cenáculo - la Montonera (Pilar),
14 de noviembre de 2008



Siglas y abreviatura de los documentos citados

Documentos del Magisterio

ChL Juan Pablo II, Exhortación apostólica Christifideles Laici
GS Constitución pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II
PP Pablo VI, Encíclica Populorum Progressio
SRS Juan Pablo II, Encíclica Solicitudo Rei Socialis
NMI Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Millennio Ineunte
EA Juan Pablo II, Exhortación apostólica Ecclesia in America
DI Benedicto XVI, Discurso Inaugural en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
DA Documento Conclusivo de Aparecida
CDSI Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

Documentos de la Conferencia Episcopal Argentina

ICN Iglesia y Comunidad Nacional
NMA Navega Mar Adentro

Notas

(1) EA 67
(2) DA 380
(3) CDSI, 154
(4) ICN, 129
(5) DA, 397.
(6) CEA, «Afrontar con grandeza nuestra situación actual», 80° Asamblea Plenaria, 11de noviembre de 2000
(7) DI, 3
(8) Conferencia Episcopal Argentina, Oración por la Patria, 2001
(9) ICN, 197; NMA 28
(10) DA, 30
(11) ICN, 127
(12) CDSI, 184
(13) DA, 396
(14) Cf. DI, 3; DA, 393-394
(15) DA, 384.
(16) DA, 534
(17) DA, 393
(18) DI, 4
(19) ChL, 42; CDSI, 410.
(20) Cf DA, 394
(21) DA, 403a
(22) CEA, «Afrontar con grandeza nuestra situación actual», 80ª Asamblea Plenaria, 11de noviembre de 2000
(23) SRS 15
(24) DA 65
(25) CDSI, 133
(26) CDSI 105
(27) DA 388
(28) Cf DA, 65
(29) DA 44
(30) NMI 50
(31) DA, 44
(32) DA, 444
(33) DA, 53
(34) GS, 31
(35) PP 14
(36) CDSI 246-249
(37) DA 535
(38) CEA, «La Doctrina Social de la Iglesia. Una luz para reconstruir la Nación», 90ª Asamblea Plenaria, 11 de noviembre 2005
(39) DA, 528
(40) DA, 380
(41) Lc 19,42
(42) Cf Jn 14,6

Fuente: CEA (Conferencia Episcopal Argentina)

viernes, 29 de agosto de 2008

Esperanza en Paraguay ante la gestión del Presidente Fernando Lugo

Paraguay: Un pueblo que espera un milagro




Comenzó la gestión del presidente Fernando Lugo. Los desafíos son enormes, pero la esperanza es mucha.

Fernando Lugo, el nuevo presidente de Paraguay, asumió como es tradición el pasado 15 de agosto. Es la primera vez que se verifica un cambio de gobierno de un partido a otro por vía democrática. Bastaría esto para entender la importancia, las ilusiones y los temores del momento histórico que están construyendo los paraguayos.
Sesenta años de gobierno del Partido Colorado, incluidos los treinta y cinco años de dictadura de Alfredo Stroessner, dan paso a una amplia coalición que deberá enfrentar múltiples problemas, expectativas y prácticas arraigadas en su gente.
Lugo es el primer obispo en la historia de la Iglesia Católica dispensado de esa función para asumir un cargo público tan elevado. La decisión de este ex religioso de la congregación del Verbo Divino de ingresar en la arena política, provocó un proceso que culminó con su regreso al estado laical pero sin fracturas, y en comunión con la Iglesia a la que Lugo nunca ha dejado de amar y pertenecer. Un elemento, éste, que marcará sin duda su gestión.
La coalición que ganó las elecciones en abril no es homogénea. Está integrada por numerosos partidos y organizaciones sociales. El Ejecutivo asume además la conducción de un país con el más bajo producto bruto interno del continente americano (a excepción de Surinam): el 40% de los 6,5 millones de paraguayos son pobres.
El diario local ABC Color dio a conocer que el 76% de la población espera que con el nuevo gobierno la situación del país mejore; el 59% le da un plazo de uno a dos años hasta ver resultados; el 24% ya los espera para fines de este año; apenas un 12% está dispuesto a esperar hasta el final del mandato para ver las mejoras.
Otra encuesta dada a conocer por Transparencia Internacional indica que para la opinión pública los tres principales problemas de Paraguay son el desempleo, la delincuencia y la corrupción. Para enfrentar tales escollos la gobernabilidad será fundamental.
En concreto, el gobierno deberá sortear el obstáculo de la falta de mayoría parlamentaria, que requerirá el dotarse de las herramientas legislativas necesarias para encarar temas endémicos como la pobreza, la falta de transparencia, el difuso clientelismo, la ausencia de distribución del ingreso.
Algunas primeras tensiones internas aparecieron en oportunidad de la formación del gabinete. Otras preocupaciones las suscitó el acercamiento al ex general golpista Lino Oviedo, figura muy cuestionada, un gesto pragmático dirigido a asegurar la gobernabilidad.
En esta primera etapa, sin duda, Lugo deberá lograr mayorías puntuales para cada proyecto, favorecido acaso por la actual desarticulación de la oposición. La tarea es ardua. Pero a Lugo y a muchos paraguayos no les falta esperanza. “Los que seguimos a Dios siempre pasamos por una noche oscura”, expresó recientemente. Pero, como dicen los indígenas en Paraguay: “Cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer”.

Fuente: Editorial Ciudad Nueva

martes, 26 de agosto de 2008

Día Nacional de la Solidaridad


Juntos, contra la inequidad
Por:
Fernando María Bargalló


Hoy, 26 de agosto, celebramos el Día Nacional de la Solidaridad, recordando el nacimiento de la Madre Teresa de Calcuta, una mujer comprometida con la paz y la justicia desde el amor concreto y cotidiano hacia los hermanos más abandonados y sufrientes. Su ejemplo de servicio guía y fortalece la misión de Cáritas junto a las comunidades más necesitadas.

Pero también nos sigue interpelando a todos, individual y socialmente.En nuestro país la solidaridad es un valor enraizado. De ello podemos dar fe permanentemente en Cáritas.

Sin embargo, hemos de reconocer con dolor, que las graves dificultades que amenazan la vida de tantos hermanos y hermanas en su acceso a la salud, a la vivienda, a la educación, al empleo, etc., denuncian la inequidad que aún persiste en nuestra sociedad.

Por eso hoy, ante el dolor de los hermanos que sufren, los invito a reflexionar acerca de la necesidad de seguir creciendo cada día en nuestro compromiso solidario hacia quienes todavía no pueden construir un presente con dignidad ni soñar con un futuro mejor.

La solidaridad y la justicia social van de la mano. Son factores clave para avanzar como país hacia la paz, la cual anhelamos y que será fruto maduro del entramado de la justicia y la solidaridad, pero que dependerá del esfuerzo que cada uno de nosotros realice para modificar las causas profundas que generan la pobreza y la exclusión y sus dolorosas consecuencias.

Si tomamos conciencia de que somos parte integrante de una gran familia, nuestra sociedad, y erradicamos el individualismo, que pretende convencernos de que podemos desentendernos de los demás, seremos capaces de fortalecer nuestros vínculos, de crecer en el respeto por nuestros derechos y en el cumplimiento de nuestros deberes.

Este camino nos permitirá descubrir que una solidaridad vivida y sostenida más allá de la emoción pasajera ante el drama ajeno, es capaz de transformar progresivamente las estructuras sociales más injustas y desiguales.Sólo cuando la posibilidad de vivir dignamente sea una realidad accesible a todos y a todas, podremos festejar verdaderamente que somos una patria fraterna y solidaria.

jueves, 31 de julio de 2008

Congreso Nacional sobre Valores, Pensamiento Crítico y Tejido Social


Organizado por la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA

Se invita a jóvenes y adultos provenientes de instituciones públicas y privadas, universidades, empresas, colegios profesionales, cámaras empresarias, iglesias y movimiento ecuménico, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación y organismos del Estado, así como a asociados y amigos de la Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA a participar del congreso que tendrá lugar los días 25 y 26 de setiembre de 2008, de 9 a 18 horas.-Lugar: Auditorio San Agustín de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Alicia Moreau de Justo 1300.-

Tema: COHESIÓN SOCIAL, UN DESAFÍO PARA LA DEMOCRACIA-

Subtemas:

1) Cohesión social, políticas de inclusión y sentido de pertenencia a América Latina
2) Iberoamérica: hacia un proyecto compartido de cohesión social
3) Mecanismos financieros innovadores que faciliten la cohesión social
4) La sociedad civil y su contribución a la cohesión social
5) Cohesión social en el marco de la justicia y la igualdad de oportunidades
6) Compatibilidad entre cohesión social, intereses sectoriales y el mercado
7) Cohesión social y gobernabilidad democrática
8) Cohesión social, educación y ciudadanía

Expositores:

Bernardo Kosacoff - Manuel Mora y Araujo - Rosa Conde - Diego Santilli - Cristina Calvo - Sergio Bergman - Daniel Arroyo - Diana Maffía - Jorge Lifchitz - Daniel Gómez - Alberto Sileoni - Daniel Marx - Alfredo Zecca - Javier Comesaña - Adrián Ventura - Alfonso Prat Gay * - Daniel Goldman .-

Auspician:

FUNDACIÓN DIARIO LA NACIÓN-Ministerio de Educación-Ministerio de Desarrollo Social-Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social-Secretaría de Cultura de la Nación-Ministerio de Cultura del GCBA-Ministerio de Educación del GCBA-Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires-Pontificia Universidad Católica Argentina-Universidad Nacional de Quilmes-CONSUDEC-Vicaria de Educación del Arzobispado de Buenos Aires-Municipalidad de Rosario-Caritas Buenos Aires-Acción Católica Argentina-DEPLAI-Fundación Carolina (España).

* A Confirmar
Inscripciones: Gratuita - Tel. 4311-4429 - E-mail: ymca@ymca.org.ar - www.ymca.org.ar

Se entregarán certificados